lunes, 11 de julio de 2016

Tu cara y el Tango.

Hace poco alguien entró en mi, y me dijo cosas que en el fondo se pero que nunca las había escuchado ni en mi boca ni en la de otra persona.

Me dijo cosas que no se si quería escuchar, pero que me ayudaron, me abrieron y me hicieron viajar a lugares oscuros y no tan oscuros.
Pero no las dijo, solamente con la intención de que viajara a ese lugar, sino que pueda resolverlo, ese fue su cometido.

Yo no se si logré resolver algo, o si quiero, pero  que me dejo pensando suavemente sobre el tema lo hizo.

Y no puedo olvidarme del tono de su voz, diciéndome que suelte, que lo suelte, que no  va a volver, y que es necesario que pueda estar en paz, que Pedro no esta mas físicamente le decía yo, y que lo único que quería era volver a tocarlo una vez mas, volver a escuchar su voz, y que muero por dentro cada vez que recuerdo que eso no va a suceder.

Que muero por dentro cada vez que tengo que volver a ese lugar, caminar sus calles, su casa y saber que no esta para mi.
Que no esta para mi, para un abrazo.
Que no esta para mi, para un beso.
Que no esta para mi, para un consejo, para un deseo.

Pero no se como, viendo su foto frente de mis ojos, escuchando su música y recordando el tono de aquella voz que apareció en aquel sueño viviente vuelvo a tener algo de paz, esa voz me envuelve entre simples besos.

Y si bien, también me desenvuelve con la misma facilidad, volver a escribir, volver a dibujar y bajar un poco a la realidad también me hace bien.

Ukelele Songs

Cuanta paz se siente al estar así, el olor de mi casa, la ventana de mi habitación que abierta de par en par me hace viajar con el simple hecho de subir la vista.

Mis libros de costado, todos marcados y rallados, mis fotos, mi familia, mis amigos.

Mis colores, las fibras ordenadas, listas para ser elegidas y marcar con algún trazo la historia que tengo para contar.

Las fotos de Julio Cortazar y del Che, repartidas en mi escritorio, en mi pared, me recuerdan lo bien que me siento cuando están cerca mio.

Las fotos de Frida en mi mesa de luz, y de Diego al costado de mi cama, no dejan de guiarme hacia el lugar que quiero cada vez que cierro los ojos. La mujer que me recuerda como soy, a la que quiero adentro mio, la que se respeta y quiere.

La foto de Pedro, bien enfrente de mis ojos, las lagrimas que ruedan siempre que me acuerdo de el, los recuerdos que no puedo soltar y su voz que penetra todo el tiempo en mi  corazón.

Las botellas, donde hago magia, las botellas llenas de posiciones de amor, las velas de colores, los distintos aromas que me recuerdan a vos..

Mi cama, lugar sagrado, mi cama que es sola mía y que cuando quiero de alguien mas, mi  cama que me siente, que me toca y me respira.
Ella observa todo, sabe como me siento, sabe cuando estoy sola y cuando estoy con alguien, sabe si la estoy pasando bien o no.
Ella, que me contiene y me arma noche a noche.

lunes, 4 de julio de 2016

Recuerda el ardor, mas rojo que el color.

Es la forma en que tus brazos llegan hasta mi.
Como tus dedos se meten en mi ropa.
Es la forma de tu boca moviéndose y yo viéndote.

Acá estas, de nuevo, en esa forma tan pura en la que actúas.

La pureza de tus ojos y la verdad de tu cuerpo penetra por mi pecho y me conduce hacia lugares lejanos. Lugares del futuro, lugares que ya tenían nuestro nombre.
Te convertís en hombre, en mujer y de repente todo sucede, puedo sentirlo tan adentro que siento que todo va a explorar, como la bomba que dejas cada vez que te vas.

Recuerda esa sensación, única en un montón
Recuerda el ardor, mas rojo que el color.
Encuentra tu amor, que arda como tu corazón.

Canto Grande

La inmensidad del mar.
La inmensidad de la playa.
Pero sobre todo la inmensidad de esta Luna que hoy me envuelve.

Todavía sigo preguntándome una vez mas en esta esfera de energía como llegue hasta acá.
Sigo pensando en lo  maravilloso de este encuentro.
Encuentro que es natural sobrenatural a la vez.
Que increíble

De cara al cielo miro las estrellas, una por una, Las marco con mis dedos y mis manos.
Dibujo en cada una la imagen que me refleja.

Ritual pagano



El humo nos elevo muy alto, nos paseo por toda la habitación y nos devolvió a la cama.
La música nos envolvió como una nube y nos tapo desnudos.
Las imágenes pintadas de colores fuertes caían sobre nosotros, como atacándonos, pero dulcemente, suavemente.
Tus manos, con los planetas dibujados y la marca de la ansiedad dolorosa que tienen, fueron haciéndose muy amigas de mi piel y muy enemigas de mi ropa.
Fueron sacando lentamente ese muro que impedía transmitir mejor el calor de nuestros cuerpos.
Los planetas supieron cómo y dónde posarse para constelar y constelarme. Mi piel se volvió un lienzo donde dibujaste y pintaste todas las estrellas que quisiste.
Me marcaste la espalda con la lengua, liberando así, la fuerza del ritual pagano que estábamos haciendo.
Entre brujos y velas volviste dentro mío,  tu pelo volvió a mezclarse con el mío y caímos lentamente en un estado de suavidad y profundidad.
Vi tus ojos y vi tu boca desde el cielo, hasta que no  te vi  más, hasta que no  vi nada, solo los planetas en mi  mente alineándose, preparándose para descender desde lo astral, tu signo y  el mío juntándose y fusionando.  

La energía fluyó tan fuerte que recostado sobre mi panza te dibuje el infinito en la espalda. Acostado sobre mi pecho te dibuje el cielo del próximo ritual.

domingo, 17 de mayo de 2015

Tanto que quema.

Hubo un momento, hace poco, que quise congelar en mi retina como una foto permanente.
Un momento, de amor obvio... Un momento de calor... 

De esos que no se si duran más de unos segundos, de esos que no se repiten seguido.
Que te estremecen las manos, y te hacen estirar los dedos. Esos que te dejan la mente en blanco.

Fue hermoso, y él lo supo. 
Para él también lo fue... Me lo dijo.

Lamentablemente, no nos bastó, ni ese momento ni aquellos que podemos llegar a repetir. 
Aunque no sean tan perfectos, siempre son placenteros. Pero no estamos bien.
Para nada bien, y el placer que fue hermoso, empezó a doler. A doler como un golpe directo al corazón, a doler como un corte, como si alguien estuviera sobre mi, aplastándome. 

Pero la rueda de nuestra suerte nos tiene presos, y el calor de nuestra piel no nos deja ir.
La inteligencia se borra del mapa de nuestros cuerpos y nos rendimos una y otra vez a lastimarnos así.

Los momentos se acaban y dejan de ser hermosos y placenteros. 
Las espaldas se chocan y aquel calor que me hizo estremecer, se convierte en un frío que llega a quemar, y me vuelve a endurecer, y ya no puedo dejarme llevar. 

Y en ese momento, es cuando me vuelve a mirar así, entre la gente, y no deja de mirarme, hasta que logra derretir eso que se enfrió y todo vuelve a estremecer nuevamente.


Hasta que finalmente, la cama nos queda muy chica y ya no  queremos vernos más, ya no nos deseamos más, y así nos alejamos, caminando los dos, uno para el Sur y el otro para el Norte.

Quizás.... algún día, nos volvamos a encontrar en el centro, después de haber caminando nuestro rumbo, y nos miremos entre la gente y volvamos a reconocernos en nuestro calor interior.
Pero hasta el momento, guardaré solo aquel momento intenso que supo regalarme.



domingo, 23 de noviembre de 2014

Un abrir y cerrar.


No tiene sentido sin vos..

Todo cae lentamente, como en cámara lenta, desde el cielo hasta el piso.

Cae, y al tocar fondo, se rompe en mil pedazos, imposibles de volver a juntar.

De nuevo, de nuevo estoy en el laberinto, ese que cierra y abre ventanas.
Constantemente.